miércoles, 21 de junio de 2000

EL IMAGINARIO EN LA COMUNICACIÓN.

La vida en sociedad se constituye desde el imaginario; puesto que, ningún miembro de una sociedad dada conoce la realidad concreta total de todo lo que su mundo incluye y, constituye el supuesto de todo lo que el sujeto hace, piensa y siente. Gran parte de ese mundo debe inferirlo, imaginarlo, reinventarlo con los indicios que puede recoger desde su experiencia limitada. Vive haciendo inferencias y deducciones, desde lo que sabe a lo que no sabe o pone en duda.
Esta imaginación del mundo es un proceso necesario, socialmente compartido y socialmente aprendido, que involucra la imaginación de los actores individuales. En la medida que en el proceso estos actores negocian la realidad entre ellos, ellos mismos acogen y desarrollan las consecuencias del consenso social, incluyendo en este consenso las áreas imaginadas, tales como, "nosotros los chilenos o ellos los peruanos", o "nosotros los pobres y ellos los ricos", "nosotros los usuarios y ellos los proveedores".
El imaginario llena las lagunas y vacíos que el conocimiento limitado de la realidad deja en la comprensión de las cosas y en los actores de los hechos comunicativos-colectivos. También hay sujetos que manejan el imaginario sencillamente para inventar realidades por su cuenta con el objetivo de controlar la conducta de los actores involucrados (crear un nuevo partido político, por ejemplo o escribir una nueva novela, o crear una nueva interpretación de los hechos históricos conocidos). Este es el caso de Japón cuando se imaginó que uno de los principales atributos de la belleza femenina era tener pies pequeños. Es por eso que, a las niñas desde muy pequeñas se les vendaban los pies para impedir, en lo posible, que les crecieran. Otro caso parecido ocurrió en Occidente, en el siglo pasado, cuando los hombres imaginaban que una mujer para ser hermosa debía estar entrada en carnes. Es por eso, que las primeras divas del cine mudo, entre plumas y joyas, lucían también su sobrepeso en los brazos de sus musculosos galanes. Actualmente, por el contrario, el ideal de belleza femenina imaginado es del orden de la delgadez. Como resultado de ello, las adolescentes enferman y, a veces, mueren en su afán de parecer etéreas. La anorexia y la bulimia son enfermedades estetico-sociales; es decir, de la imaginación.
Estos son algunos ejemplos de conductas regidas por diferentes imaginarios sociales, a partir de los cuales se producen los valores, las apreciaciones, los gustos, los ideales y las conductas de las personas que conforman una cultura
La imaginación que crea al imaginario es una facultad psicológica individual que juega con las representaciones. Las recrea. inventa otras realidades posibles (o imposibles). Es una actividad creativa del espíritu individual. La imaginación es un cuestionamiento permanente de la realidad establecida. El imaginario, en cambio, no es la suma de todas las imaginaciones singulares. No es tampoco un producto acabado y pasivo. Por el contrario, es el efecto dinámico de una compleja red de relaciones entre discurso y practicas sociales. El imaginario social imaginado desde los actores individuales como supuesto consenso colectivo, interactúa con las individualidades. En su forma mas objetiva (“objetivada” por el consenso, podríamos decir) el imaginario se constituye a partir de las coincidencias valorativas de las personas; pero también de las resistencias. Se manifiesta y se confirma o desconfirma en lo simbólico (lenguaje y valores) y en el accionar concreto entre las personas (prácticas sociales).
No obstante, cuando el imaginario se libera de las individualidades cobra forma propia así suele transformarse en una sobre-generalización del tipo "todos los argentinos son prepotentes" o "todos los norteamericanos son veraces y honestos"; Así por una especie de astucia del dispositivo se convierte en un proceso sin sujeto individual que lo afirme como autor preciso. El imaginario adquiere independencia respecto de los sujetos. Tiene una dinámica propia. Se instala en las distintas instituciones que componen la sociedad. Actúa en todas las instancias sociales, puesto que todas esas instancias se producen en alguna institución.
El imaginario comienza a actuar como tal, tan pronto como adquiere independencia de las voluntades individuales; aunque paradójicamente necesita de ellas para materializarse. La gente a partir de la valoración imaginaria colectiva dispone de parámetros epocales para juzgar y para actuar. Pero los juicios y las actuaciones de la gente inciden también en el dispositivo imaginario, el cual, como contrapartida funciona como idea regulativa de las conductas. Por ejemplo, las conductas consideradas correctas dentro de un grupo social, las realizan las personas, pero aspirando a ciertos ideales o modelos que se consideran dignos de ser seguidos. Esos paradigmas son las ideas que regulan la educación, las aspiraciones, las expectativas y los valores éticos y estéticos, económicos, políticos, religiosos y de salud de una comunidad. Pero todas esas categorías no salieron de la nada, sino que, se gestaron en función del imaginario social cuyas formulaciones crean una interacción entre valoraciones individuales y valoraciones colectivas (Díaz, 1996).
Para profundizar el concepto de imaginario social en cuanto pauta socialmente compartida que regula la conducta de los integrantes de un grupo social hay que referirse conceptualmente a los conceptos del Otro-generalizado y de grados de libertad.
El Otro Generalizado es el nombre asignado a los otros que son percibidos genéricamente y subjetivamente como portadores de una cultura o sub-cultura que me señala qué pensar, sentir o hacer en los escenarios en que me encuentro con ellos, "mi iglesia y la de otros", "mi familia y la de otros", "las relaciones sociales de mi familia", "mi partido político", "mi equipo de fútbol", "la Policía de mi ciudad", "la Justicia de mi país", son los otros tantos "otro-generalizado" que orientan mi conducta. La mayor parte de lo que hacemos lo ejecutamos bajo la influencia del "otro-generalizado". Esto es, especialmente cierto, en el caso de las normas morales. Constituye parte esencial del nosotros psicosocial. También el “Otro generalizado” expresa la imaginación de los otros como amigos o enemigos, como aliados u opositores, como colaboradores o adversarios.
El creador del concepto de Otro-generalizado fue Mead, (1990) el cual lo creó, para describir como surge el self individual dentro de una cultura específica. Mead, lo define así: "La comunidad o grupo social organizados que da al individuo su unidad de persona pueden ser llamado "el otro generalizado". La actitud del "Otro-generalizado" es la actitud atribuida a toda la comunidad. Así, por ejemplo, en el caso de un grupo social como un equipo de fútbol, el equipo es el "otro generalizado", en la medida en que interviene en la experiencia de cualquiera de los miembros individuales de él." (Mead, 1990). El Otro-generalizado internalizado por los individuos es el origen del control que la sociedad ejerce sobre sus miembros: Mead, (1990) señala que, "es en la forma del otro- generalizado que los procesos sociales influyen en la conducta de los individuos involucrados en ellos y que los llevan a cabo, es decir, que es en esa forma como la comunidad ejerce control sobre el comportamiento de sus miembros individuales". El "Otro generalizado" internalizado por los individuos es el origen del control que la sociedad ejerce sobre sus miembros. Es en la forma del otro generalizado que los procesos sociales influyen en la conducta de los individuos involucrados en ellos y que los llevan a cabo; es decir, que es en esa forma como la comunidad ejerce control sobre el comportamiento de sus miembros individuales. Mead, (1990) indica que este control puede ser del tipo barrera psicosocial al comportamiento (como las prohibiciones, los tabúes, las imágenes negativas del otro, las expectativas negativas en relación al otro) o del tipo facilitadores sociales, tales como, expectativas positivas respecto del otro, permisos, heroizaciónes del otro, idolización del otro, idealización del otro, etc. En esta investigación, el OTRO GENERALIZADO toma las formas del USUARIO y del PROVEEDOR.
Ejemplos clásicos de la influencia del Otro-generalizado son el chisme (los otros me inventan o me juzgan), vestirse para ser visto de determinado modo (bien vestido-bien recibido por los otros), "tener una personalidad agradable" o "ser atractiva o tener sex-appeal" para los otros, preocuparse por el que dirán, el cuidado de la imagen ante los demás, entre otras muchísimas formas.
El "Otro-generalizado" actúa sobre mí por presencia real o virtual de los otros en el espacio social en que vivo. La educación informal introyecta las normas del "Otro-generalizado" en mí, de modo que yo me convierto en mi-propio-censor-moral, mi-propio-policía, mi-propio-padre, etc. Es una entidad interior cercana en significado y acción al super-yo Freudiano. El individuo socializado se auto-fiscaliza, es su propio fiscal, su propio juez. Tiene lo que se puede llamar conciencia ética.
Los individuos al aprender unos de otros con respecto al “Otro-generalizado”, desde la memoria colectiva, terminan todos siendo muy semejantes, como casos particulares del "Otro-generalizado". Si el “Otro-generalizado” de mi grupo cultural tiene un acento particular al hablar español, lo mas probable es que ese acento sea obligatorio para todos los nacidos dentro de esa cultura. Cuando el individuo se presenta ante los otros "su actuación tenderá a incorporar y ejemplificar los valores oficialmente acreditados de la sociedad". Goffman, (1959) señala que es el modo que tenemos los individuos de satisfacer la necesidad de ser valorados por los demás como miembros de nuestro grupo y dignos de serlo. Necesitamos existir para los demás de un modo positivo. Es la necesidad de reconocimiento ontológico que todos tenemos.
La importancia sentida de la articulación del yo de las personas con el otro generalizado que es la sociedad en que viven puede significar una barrera para el cambio en aspectos importantes de la vida personal y social. De acuerdo con Bateson, (1979) las ideas (podemos decir que también las conductas) de las personas están sustentadas por el sistema social a la vez que el sistema social está sustentado por las ideas de las personas. Bateson, (1979) indica además, que es muy difícil para estas personas, doblemente dirigidas por sus ideas y por la sociedad en que viven, modificar sus ideas cuando éstas son importante para la persona y el grupo social en que vive. Cambiar ideas o conductas importantes implica no solamente modificarlas, sino también modificar otras ideas relacionadas con la ideas cambiadas, así como también, reestructura su entorno social para que acepte su cambio y adecuarse a las demandas internas de coherencia y mantener satisfecha su necesidad de interactuar con el medio social en que vive.
En cuanto al cambio individual y colectivo relacionados con el "otro-generalizado", en general, resulta más fácil que los individuos cambien cuando cambia el "otro generalizado"; es mucho más difícil que los individuos puedan cambiar al "otro-generalizado".
El otro-generalizado es un producto de la cultura y existe en el mundo de la cultura, es decir, en el reino del significado. En este mundo lo que llamamos significado no es necesariamente parte de la realidad, sino que es lo que nosotros le agregamos a la realidad percibida y por lo tanto es un agregado imaginado.
Para comprender el conflicto intergrupal, este trabajo de investigación adhiere al pensamiento de los investigadores Heider (1965) y Kelley (1967) y que luego hasta hoy ha sido desarrollado como teoría de la atribución. Según este teoría, para comprender los fenómenos sociales es necesario conceptualizarlos en términos de los sistemas de creencias sostenidos por los actores sociales mismos, es decir en términos de las "teorías implícitas" que organizan la conducta de las personas. Esto nos conduce a la consideración de la teoría de la atribución.
Según la Teoría de la Atribución, como seres cognitivos no nos limitamos a observar y llevar registro de lo que ocurre. Además tenemos una necesidad insoslayable de explicarnos lo que nos ocurre, de conocer sus causas, incluso cuando sabemos poco o nada respecto de la naturaleza de lo que nos ocurre, es decir intentaremos explicarnos las cosas aun en ausencia total de información (Farr, 1977).
De acuerdo a Farr, (1977) cuando nos explicamos el comportamiento de otras personas tendemos a atribuir sus acciones a sus características personales, las que suponemos estables; es decir, lo que llamamos atribuciones disposicionales. Pero cuando explicamos nuestro comportamiento tendemos a explicarlo en términos de la situación en que lo hacemos si es resultado es negativo; si el resultado es positivo tendemos a explicarlo como producto de nuestras características personales.
El resultado de las atribuciones disposicionales se generalizan: para el "siempre" de la persona o "para el todos del grupo", siendo estas las características que los individuos muestran en algunos momentos de su conducta. Los observadores hacen una "sobregeneralización" respecto de la conducta que observan en ella. Como además suponen que la persona es estable, entonces afirman que como fue su conducta en el pasado así seguirá siendo en el futuro. Es algo así, como "el efecto de la primera impresión", clásico en la sabiduría popular. Cuando generalizamos la explicación para un grupo, entonces decimos que hemos creado "el otro generalizado".
El problema es que esta creencia de la estabilidad de las causas de la conducta de los otros determina nuestra propia conducta respecto de ellos. Las personas actúan de acuerdo con sus creencias (Farr, R. 1977). El tema de esta investigación es precisamente éste: Los usuarios y proveedores de un sistema de salud local se "explican" mutuamente las conductas de modo conflictivo. La teoría implícita puede ser explicitada como una Teoría del Otro que George H. Mead expresó en su análisis del "Otro Generalizado", mencionado anteriormente.
La mayor parte de lo que hacemos, lo hacemos bajo la influencia del "otro-generalizado". Esto es, especialmente cierto, en el caso de las normas morales. Constituye parte esencial del "nosotros psico-social". Schutz, (1964) se refiere a ésto del modo siguiente: "La pauta cultural, mediante sus recetas, ofrece a actores típicos soluciones típicas para problemas típicos". Lo que Schutz llama pauta cultural es el marco normativo representado por el Otro-generalizado. Es así como todos terminamos vistiéndonos del mismo modo, caminando del mismo modo, usando el mismo acento nacional o regional al hablar, etc. puesto que lo hacemos siguiendo la misma pauta prototípica del "Otro-generalizado".
El "Otro-Generalizado-Conflictivamente" se transforma en enemigo y fácilmente se convierte en objetivo de guerra. La situación se agrava cuando dos grupos se enfrentan como enemigos. Spillmann y Spillmann, (1991) acotan que la persona (o el grupo) que padece el "síndrome del enemigo" ve a la persona "enemiga" como culpable de males que aquejan al que la define como tal, la hace objeto de anticipaciones negativas (espera de ella sólo lo peor), la identifica con el mal, piensa que lo que ella pierde, su enemigo gana, entonces el enemigo es parte de un grupo maligno y que no es posible concederle empatía alguna
La cultura puede definirse como un sistema compartido de símbolos y significados. La conducta humana es acción simbólica y comunicacional, en tanto, expresa significados (Blummer,1959). Este punto de vista se denomina interaccionismo simbólico. Dentro de este enfoque se pueden definir algunos supuestos básicos para comprender la conducta humana como producto cultural:

1.- Los seres humanos actúan en relación a las cosas de acuerdo al significado que estas tienen para ellos. Las personas actúan de acuerdo con sus definiciones de la situación. Las acciones de las personas expresan los significados que atribuyen a la situación de las cosas. (Thomas, 1928).

2. - Las situaciones definidas como reales tienen consecuencias reales. Este principio es conocido también como la profecía autorealizatoria.

3. - El significado que las cosas tienen para los individuos en una cultura surgen de la interacción con los otros individuos en la misma cultura. Bebchuk, (1994). Indica que el significado de las cosas siempre esta indeterminado en cierta medida. Esta indeterminación obliga al permanente cotejo interpersonal a través del cual las personas coordinan sus emociones y lenguaje.